Ingredientes para una tarde de magia:

 

  • Una plaza, un parque, una calle, un teatro…
  • La risa de un niño o una niña, no importa el tamaño (si son más, mejor)
  • Una persona grande con ganas de jugar al escondite…
  • Una abuela pensando en hacer travesuras…

 

Y un baúl de color rojo, que haya navegado por algunos océanos

 

Con estos ingredientes ya podemos poner la cabeza en las nubes y empezar a soñar

 

Procedimiento (realizar siempre con mucha alegría):

 

Pone uno el baúl en medio de la plaza (o la calle o el teatro, no importa eso) y comienza a rebuscar en su interior, con muchísimo misterio.

 

Todas las personas con corazón de niño irán acercándose, poquito a poco, porque sentirán unas irresistibles ganas de saber cuál es el secreto que se esconde en el cofre.

 

Siempre, siempre se acercan

 

El misterio que esconde el baúl es para todas y todos y es un secreto tan, pero tan mágico, que va tejiendo lazos invisibles entre quienes se acercan a contemplarlo.

 

Casi sin darse cuenta, todos y todas acaban unidos por esos hilos invisibles y poquito a poco van haciéndose cómplices en la imaginación, la fantasía y la capacidad de soñar sin límites.

 

Las familias se abrazan al compartir un momento de magia, los niños hacen el niño y sonríen con su mirada limpia, la abuela traviesa, guiña un ojo a la nieta y le aprieta la mano, fuerte, para que no pierda detalle.

 

A veces, cuando voy a abrir la tapa para desvelar el secreto del baúl, siento que todos a la vez, las niñas, los mayores, todos, contienen el aliento y aceleran el latido de sus corazones.

 

Me encanta levantar la cabeza y atrapar en mi mente sus miradas, los ojos muy abiertos, ilusionados y expectantes, impacientes por ver lo que va a suceder.

 

Es en ese momento donde ocurre la verdadera magia

 

Me encantaría llegar con mi baúl a tu plaza, tu parque, tu calle, tu teatro y seguir tejiendo esos lazos cómplices en niños y mayores, en grandes y en chicos, no importa el tamaño.

Apto para infancias de todas las edades.

Una plaza, un parque, la calle, un teatro… las posibilidades son infinitas.